
El Gremio de Libreros de Valladolid es un colectivo que agrupa a una veintena de librerías con el objetivo de “dar a conocer nuestro papel como agentes culturales” y canalizar la organización de actividades como el Día del Libro o la Feria del Libro. Frente a los algoritmos que enredan la selva de Internet, los libreros se reivindican como compañeros para guiar, asesorar o descubrir nuevas lecturas.

Imagen: Susana (que junto a Raquel atiende La librería de mi barrio), Alberto, Eva y Gus (Akelarre), Arantxa Mateo (Caliza), Carlos Ramírez (Libros K Urueña), Saúl Sánches (Campus), Isidro Díaz (Margen), Elena Martín (Oletvm), Ana García Allué (En un bosque de hojas); Luisa de las Moras (Papiro), María Lobato (La Victoria), Javier Pérez Lázaro (La tienda de Lope), Miguel Sandoval (Sandoval), Eva Marín (Moirás), Don Quijote Digital, Raquel Abia (Castilla Comic), María José González (El sueño de Pepa), Roberto de Pablo (El barquito de papel), Susana Ruesgas (Pasaje), Pablo de Garay (Eurobook), Alfonso García.
Pasa algo curioso con las librerías ya que, por un lado, tienen una vertiente que comparten con el resto de comercios del barrio en el que se asientes, “Somos un negocio más, vecinos del bar, de la tienda de ropa o de estética, como tantos autónomos con los que compartimos calle”. En eso, explican, contribuyen a dinamizar la vida económica y social de la ciudad. Porque una zona sin comercio es más triste y más pobre (no solo en lo económico). Pero, al mismo tiempo, la librería posee un inmenso caudal diferenciador. “No somos un mero despacho de libros”. Aquí no se sirven novelas al coste, ensayos a granel, cuarto y mitad de poesía. “También funcionamos como agentes culturales”, explica Pablo Garay, presidente del Gremio de Libreros, una entidad que agrupa a una veintena de negocios de Valladolid que durante estos días llenan de libros la Plaza Mayor. La capital está inmersa en la Feria del Libro y el Gremio de Libreros es parte fundamental de este encuentro con la cultura. “Ojalá que mucha gente venta a vernos” cuenta Pablo. El objetivo, claro, es vender. Vender mucho (“ojalá el tiempo nos respete. Siempre decimos que, si quieres ver llover, saca los libros a la calle”). Pero, sobre todo, animar a que esos volúmenes comprados o regalados luego se lean. Porque así es como los libros cobran vida… y así es como se fomentan los lectores. “A una librería también se viene a saber, a aprender, a descubrir nuevas lecturas y autores”. Cuentan que hay clientes que se dejan aconsejar, que preguntan y se interesan por ampliar su horizonte lector. Otros -cada vez más los jóvenes- suelen ir más a tiro hecho (“buscan algo concreto y si no lo encuentran, se van “), cuando si se dirigen al librero, posiblemente descubran libros parecidos que les abran nuevos mundos. Feliz Feria del Libro.


